Hay ocasiones en las que viajando se te pueden desmoronar ciertos mitos e ideas preconcebidas. No ocurre esto en el caso de Japón, y un viaje a las islas niponas sirve para comprobar que muchos de los tópicos que asignamos a los japoneses son acertados, especialmente cuando se dice que son ceremoniosos y extremedamente corteses.

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Para afirmarlo pueden servir varios ejemplos. Por ejemplo, llamas a un taxi en alguna de las grandes ciudades como Tokyo o Nagoya, y el taxista parará todo lo cerca de la acera que le sea posible, y al mismo tiempo le dará a un interruptor desde su volante para que se te abra la puerta y puedas montar. Y el colmo de la pulcritud, verás que conduce con unos guantes inmaculados, y hasta con gorra de plato.
Otro ejemplo: te desplazas en tren desde Kyoto a Osaka. Cuando llegue el revisor a tu vagón, lo recorrerá, saludará al pasaje y luego comenzará a solicitar con toda su educación los billetes.
Más ejemplos: te encuentras durante unos dÃas en una pequeña ciudad como Izumo. Cuando vayas a comprar el pan, verás como la panadera se desvive por entenderte, y siempre con una inmensa sonrisa en la boca.
Y un último ejemplo, para comparar con nuestro paÃs. Viajando por carretera de pronto te encuentras con varios tramos en obras. En uno de ellos, mientras estás parado se acerca una señorita, evidentemente sonriendo, y te ofrece para recompensarte por las molestias una bebidas, que pueden ser un refresco pero también un té caliente o un caldo si hace frÃo.
Son sólo unos ejemplos, pero sirven para reafirmar un tópico que otros paÃses lo querrÃamos.