Kamakura es una pequeña ciudad, situada a una hora de Tokio y tremendamente popular en cuanto a destinos turísticos. Hay una palabra que define perfectamente a este lugar: encanto. Es imposible pasear por sus calles, visitar sus templos y jardines, observar la tranquilidad de sus playas y no sentirse completamente enamorado de tanta hermosura. Es una hermosura muy diferente a la Occidental. Aquí posiblemente radique su secreto.
Además de espectaculares paisajes de montañas y frondosos bosques de ensueño, Kamakura te tiene preparadas varias sorpresas. Por un lado la ciudad alberga una autentica ruta de templos shinto y budistas, muchos de ellos supervivientes de la Segunda Guerra Mundial. Entrar en un templo de Kamakura es adentrarse en una zona luminosa llena de buenas vibraciones y donde empaparse de toda la cultura de la zona.
Cada templo presenta unas características arquitectónicas diferentes y únicas. Uno de los templos más visitados por su peculiaridad es el dedicado al culto de la diosa hindú Benten que se ubica en una cueva. En la mayoría de los templos podemos encontrar una especia de tablas donde escribir nuestros deseos a la espera de que los monjes budistas se ocupen de ellos.
Pero, sin duda, la estrella de este lugar es su gigante estatua de Buda de más de 700 años de antigüedad que podremos incluso visitar por dentro. Se trata del segundo más grande de Japón.
Lo encontraremos al aire libre, tranquilo, meditando entre bellas colinas de frondosa vegetación. Para hacerte una idea de su suntuosidad basta que te digamos que la escultura pesa 120 toneladas y mide más de 13 metros, incluida sus orejas de 2 metros de largo. Es difícil encontrar un lugar tan mágico como Kamakura.
Fuente: librodelmundo

