Una de las imágenes que todos tenemos de Japón, es la de un país industrializado y con una tecnología puntera. Esa idea queda completamente corroborada en cuanto llegas a cualquiera de los aeropuertos internacionales del país, que los hay en Tokio, Osaka, Nagoya, Nagasaki, Naha, Sendai, Niigata, Kagoshima,Fukoaka, Komatsu, Kumamoto,o Sapporo.

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De hecho, al llegar estos aeropuertos ya te puedes hacer idea de que Japón además del imperio del sol naciente, también es el imperio de las máquinas. Podéis hacer un ejercicio, repasad vuestro móvil o el ordenador que ahora mismo estais usando, tal vez sea de marca japonesa. O la cámara de fotos con la que haréis el reportaje de vuestro viaje, posiblemente también tenga un origen nipón.
Comprobaréis que hay máquinas para todo, pero lo más interesante es ver como son máquinas al servicio de las personas. En cualquier calle, de las grandes urbes japonesas, y también en muchas de ciudades más pequeñas, vais a ver cientos de máquinas expendedoras de bebidas y de alimentos, puestas en las propias aceras.
Las hay que te ofrecen bebidas frías, pero también calientes, desde té a platos de sopa. Estas máquinas con comidas y bebidas enlatadas, en plásticos o en bolsas son todo un derroche de colorido y de sabores. Por regla general, son máquinas extraordinariamente respetadas por los ciudadanos, sin una sola pintada o rotura, con escaso intentos de robo y en perfecto estado de funcionamiento y con stock abundante, ya que el mantenimiento de las mismas es continuo.
Es decir, toda muestra del comportamiento cívico y profesional del pueblo japonés, y también un ejemplo de su honestidad. Basta ver como hay una misma bebida en envases distintos y con distinta capacidad, pero aunque una sea de cuarto de litro y otra de tercio, el precio a veces es el mismo, para que compres lo que te apetece beber. Pensad, aquí se agotaría siempre las de tercio, nadie compraría la pequeña.
